Personal stuff
15 Feb
Viernes por la noche, en el estadio Jalisco. Puntual al encuentro, a pesar del tráfico. Un mar de gente y puestecitos de vendimia locos. Bueno quizá un mar pequeño, como un lago o una cosa así, ya que imagino que hay eventos en los que las calles que desembocan en el estadio revientan de raza.
Tacos, tortas y hot dogs, impregnan el aire con antojo. Escuadrones de policía revisan sistemáticamente la zona de mayor conflicto. Puerta tras puerta, la seguridad local catea a la gente que entra.
El umbral de la puerta 10 nos da la bienvenida al festival de cultura y diversidad únicos del estadio. Los lugares que se antojan convertirse en nuestros por tradición, nos esperan ansiosamente; la fiesta ha comenzado.
Cada chica guapa que pasa recibe ovaciones por parte del público que la invita a dar la vuelta. Si lo hace recibe un efusivo aplauso y luego otra invitación a que brinque. Si no lo hace es condenada a recibir la furia y abucheo de la afición, por unos segundos. A veces, quienes reciben la ovación no son chavas, sino los vendedores de cerveza.
Cuando aparece un par de elementos de seguridad caminando, el clamor que se escucha es el de “esos son pareja”. Un comité de 3 o más personas que da una ronda es una “Marcha Gay”. El viejito de cabello blanco y tez arrugada que vende botana se convierte en “Gepetto”. Una pantalla de transmisión local revela parejas de amantes, niñas bonitas, ancianos tatuados o eventualmente al “come niños”, quien desata la ola en el estadio sólo con saltar. Unos chiquillos a un par de asientos abajo les gritan “pobres” a sus amigos en la zona C, donde cabe mencionar que la entrada cuesta 1 peso.
Y creo que hay unos chavos echándose una cascarita en la cancha.
Sin embargo sólo un equipo tiene el soporte del público; ataviado con rayas negras, naranjas y amarillas, la gente los llama a la victoria.
La gente los aclamamos: ¡Vamos, vamos, vamos UDG!
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